El agua transporta

Lara Marcus Zamora — USS – Facultad de Ciencias, Puerto Montt

¿Hasta dónde viajan nuestras acciones a través del agua?

El agua transporta organismos, materiales y contaminación, conectando ecosistemas aparentemente distantes.

El agua conecta lugares que pueden parecer muy distantes entre sí. Las corrientes transportan organismos y materiales, pero también residuos generados por nuestras actividades, haciendo que sus consecuencias puedan viajar mucho más allá del lugar donde se originaron. La presencia de microplásticos en playas, fiordos y organismos marinos permite seguir algunas de estas trayectorias y comprender cómo la contaminación puede alcanzar incluso ecosistemas remotos. Al mismo tiempo, conocer la biodiversidad que habita estos ambientes ayuda a comprender su riqueza y la necesidad de protegerlos. Estudiar estas conexiones requiere observar el océano a distintas escalas y también puede involucrar a las comunidades, mediante iniciativas de ciencia ciudadana, que amplían nuestra capacidad de generar conocimiento. Comprender lo que el agua transporta nos invita a reconocer que nuestras acciones no quedan necesariamente donde ocurren, porque, en ocasiones, se desplazan, nos conectan con otros territorios y producen efectos sobre ecosistemas y formas de vida que quizás nunca lleguemos a ver.

Conceptos clave: Interconexión; Contaminación marina; Microplásticos; Conectividad oceánica; Biodiversidad marina; Ciencia ciudadana; Conservación marina; Especies indicadoras.

¿Hasta dónde viajan nuestras acciones a través del agua?

Prácticamente no existen límites, porque el agua conecta ríos, costas, océanos y ecosistemas ubicados a miles de kilómetros de distancia. Un microplástico originado en una ciudad, un vertedero o una actividad industrial puede ingresar a un río y alcanzar el mar en cuestión de días o semanas. Otros contaminantes llegan directamente al océano a través de actividades marítimas como la pesca o la acuicultura. Una vez en el mar, las corrientes pueden mantenerlos cerca de nuestras costas o transportarlos a través de océanos completos. Por eso encontramos acumulaciones de plástico en los grandes giros oceánicos, pero también microplásticos en lugares remotos como el Ártico, la Antártica y los fiordos de la Patagonia. En una investigación realizada en fiordos patagónicos sin asentamientos humanos cercanos, encontramos fibras asociadas a textiles. Esto indica que la contaminación no siempre se origina en el lugar donde aparece: puede haber viajado desde otras regiones por medio de las corrientes marinas. El agua funciona así como una red que transporta y distribuye las huellas de nuestras actividades a escala planetaria.

¿Qué son los microplásticos?

Los microplásticos son fragmentos, fibras o partículas de plástico de menos de cinco milímetros. Pueden clasificarse en primarios y secundarios. Los microplásticos primarios son fabricados originalmente en tamaños muy pequeños. Entre ellos se encuentran algunas microesferas utilizadas en determinados productos cosméticos o industriales. Los secundarios, en cambio, se originan por la fragmentación de objetos plásticos de mayor tamaño, como bolsas, botellas, envases o redes de pesca. Cuando estos materiales llegan al ambiente, la radiación solar, el oleaje y el desgaste físico los van debilitando y dividiendo en fragmentos cada vez más pequeños. Sin embargo, el plástico no desaparece: cambia de forma y se vuelve más difícil de detectar y retirar. Actualmente encontramos microplásticos en la columna de agua, en los sedimentos, en las playas y también en organismos marinos, desde especies microscópicas hasta animales de mayor tamaño. Esta presencia extendida demuestra que no se trata solamente de residuos visibles en la superficie, sino de una contaminación dispersa e incorporada en los ecosistemas.

¿De qué manera se transporta la contaminación por el agua?

Los ríos arrastran contaminantes desde tierra firme hacia las costas y los océanos. Una vez allí, las corrientes marinas distribuyen los microplásticos a lo largo y ancho del planeta. Las partículas menos densas también pueden desplazarse por el aire y depositarse posteriormente sobre el agua, la nieve o los glaciares. Por eso se han detectado microplásticos incluso en regiones polares alejadas de los principales centros urbanos. En el océano, estas partículas pueden ser ingeridas por distintos organismos y comenzar a circular a través de la cadena trófica. Un animal pequeño contaminado puede ser consumido por otro de mayor tamaño, y así los microplásticos y otras sustancias asociadas pueden transferirse entre diferentes niveles del ecosistema. Este proceso puede producir bioacumulación, cuando un contaminante se concentra progresivamente dentro de un organismo, y biomagnificación, cuando su concentración aumenta a medida que avanza por la cadena alimentaria.

El agua no solo transporta la contaminación entre distintos territorios. También permite que ingrese en los cuerpos de los seres vivos y circule entre especies. Lo que arrojamos al ambiente puede regresar transformado e incorporado a las redes de vida de las que también formamos parte.

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